sábado, 31 de julio de 2010

A BUSCAR NIDOS



Cuando éramos pequeños, uno de los entretenimientos del verano, era buscar nidos. Los buscábamos en los árboles, en las paredes de los corrales, en los sembrados ... Lo manteníamos en secreto, porque si lo contabas, el nido corría peligro, y si lo contabas a la luz de una vela o bombilla, era seguro que lo aburría la madre y se estropeaban los huevos o las hormigas se encargaban de los polluelos.

Ahora, los más pequeños, no ejercen tanta presión sobre  los pájaros, ya nadie tiene tirabeque y si tiene carabina es para tirar de forma civilizada a las dianas.

Tal vez por eso, porque aunque marcados,con el ancestral instinto cazador, del homo antecessor, cuyos restos se descubrieron en la Gran Dolina y en la Sima del Elefante de la Sierra de Atapuerca, nuestro cerebro ha crecido y nuestra sensibilidad medioambiental también, ahora se puede encontrar uno el nido sin buscarlo, al regar una maceta.


 

El día 20 de junio, al regar el tiesto, salió la madre pardillo del nido, camuflado entre los tallos de la planta.






El día 21 de junio, ya vimos que en el nido había 4 huevos, que el día 2 de julio eran 4 indefensos polluelos de pardillo.





El día 7 de julio, los polluelos ya tenían    cañones, y  con    un crecimiento vertiginoso, el día 11 los 4 polluelos estaban totalmente emplumados.






El día 13, ya había volado el primero de los pollos y el día 14 el resto. El nido se había quedado vacío.








Uno de los padres, llamando a los polluelos ocultos entre las plantas.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

¡Feliz vuelo!